de Torsten Schwanke
I
En el palacio de Oriente,
donde el tiempo se hace historia,
crece la tierna infanta,
con mirada de paloma.
Hija del rey Don Felipe,
de la Corona la aurora,
cuyos pasos ya se guían
hacia una España de gloria.
Leonor se llama la virgen,
de los astures señora,
que en sus hombros lleva el peso
de una herencia secular y honda.
Ya juraba ante las Cortes,
fiel reflejo de su ley,
con voz firme y con nobleza,
sirviendo al pueblo y al rey.
En la academia de Zaragoza,
su melena de oro esconde,
viste el verde de soldado,
el deber es lo que impone.
No hay distinciones de cuna
cuando el fusil se sostiene,
aprende el valor del suelo
que su sangre fiel defiende.
Princesa de dulce rostro,
futura reina de España,
que el romance de tu pueblo
te guarde en cada batalla.
II
Suena el eco en el palacio,
ya repican las campanas,
por la heredera al trono,
flor de la estirpe hispana.
Leonor de Borbón y Ortiz,
de los astures señora,
lleva en su sangre la historia
que los siglos atesora.
Por la línea de su padre,
vieja estirpe de Borbón,
guarda el peso de los reyes
y la fe de la nación.
Por la sangre de su madre,
el latido más cercano,
conoce el pulso del pueblo,
el sentir del ciudadano.
Ya juró la Constitución,
con voz firme y clara luz,
prometiendo ante las Cortes
lealtad a su cruz.
Hoy vestida de soldado,
en la academia militar,
aprende que la corona
es, ante todo, servicio y dar.
Guanza el rumbo del mañana,
joven de noble matriz,
viva la futura reina:
¡Leonor de Borbón y Ortiz!
III
Un treinta y uno de octubre,
con el otoño en Madrid,
nació la infanta esperada,
brote de un noble jardín.
En la clínica de Ruber,
Internacional llamada,
abrió los ojos al mundo
la que hoy es tan aclamada.
Año dos mil cinco corría,
la noche el cielo cubría,
cuando la Villa y la Corte
con alegría la acogía.
Leonor de Borbón y Ortiz,
de los astures señora,
lleva en su nombre la historia
que la corona atesora.
Por la línea de su padre,
el viejo tronco Borbón,
guarda el peso de los siglos
y el destino de su unión.
Por la sangre de su madre,
el latido más cercano,
conoce el pulso del pueblo,
el sentir del ciudadano.
De mantillas en la pila,
con agua del río Jordán,
fue bautizada la niña
que reina un día será.
Hoy ya viste de soldado,
con el deber por matriz,
¡que Dios guarde a la princesa,
Leonor de Borbón y Ortiz!
IV
Un treinta y uno de octubre,
con el otoño en Madrid,
nació la infanta esperada,
brote de un noble jardín.
En la clínica de Ruber,
Internacional llamada,
vino al mundo la princesa
que el pueblo tanto esperaba.
Hija es del rey Don Felipe,
el sexto de su gran nombre,
que con templanza y orgullo
el trono de España sostiene.
Y de la reina Letizia,
madre de pulso constante,
que aporta el lazo del pueblo
a la Corona adelante.
Leonor de Borbón y Ortiz,
fruto de noble raíz,
creció al amparo y la guía
de ese hogar tan feliz.
Por la línea de su padre,
el viejo tronco Borbón,
guarda el peso de los siglos
y el destino de su unión.
Por la sangre de su madre,
el latido más cercano,
conoce el pulso del pueblo,
el sentir del ciudadano.
Hoy camina hacia el mañana,
joven de firme matriz,
orgullo de sus mayores:
¡Leonor de Borbón y Ortiz!
V
Un treinta y uno de octubre,
con el otoño en Madrid,
nació la infanta esperada,
brote de un noble jardín.
En la clínica de Ruber,
Internacional llamada,
vino al mundo la princesa
que el pueblo tanto esperaba.
Hija es del rey Don Felipe,
el sexto de su gran nombre,
y de la reina Letizia,
que su destino compone.
Leonor de Borbón y Ortiz,
no caminaba soltera,
pues el año dos mil siete
trajo una flor compañera.
Nació la infanta Sofía,
su hermana de menor edad,
dos ramas del mismo tronco,
unidas en la lealtad.
Juntas crecieron los años,
compartiendo la sonrisa,
una guardando el camino,
la otra pisando su brisa.
Sofía, fiel escudera,
Leonor, futura matriz,
dos joyas de la Corona,
bajo el cielo de Madrid.
Hoy camina hacia el mañana,
joven de firme raíz,
con su hermana siempre al lado:
¡Leonor de Borbón y Ortiz!
VI
Un treinta y uno de octubre,
con el otoño en Madrid,
nació la infanta esperada,
brote de un noble jardín.
En la clínica de Ruber,
Internacional llamada,
vino al mundo la princesa
que el pueblo tanto esperaba.
Hija es del rey Don Felipe,
el sexto de su gran nombre,
y de la reina Letizia,
que su destino compone.
Dos años después, el cielo
otra alegría mandó,
cuando la infanta Sofía
a su lado amaneció.
Leonor de Borbón y Ortiz,
heredera de la gloria,
reúne sobre sus sienes
los títulos de la historia.
Princesa es de Asturias bella,
por la corona de España,
vanguardia de los hidalgos,
luz que en el norte acompaña.
De Girona es la princesa,
en las tierras del levante,
y de Viana en Navarra,
viejo reino del pasado.
Duquesa de Montblanc nombran
su gracia de tradición,
y de Cervera la condesa,
en la aragonesa unión.
De Balaguer es la señora,
vínculo de tierra vieja,
que en su joven señorío
ningún olvido nos deja.
Hoy camina hacia el mañana,
joven de firme raíz,
¡viva la ilustre heredera,
Leonor de Borbón y Ortiz!
VII
Un treinta y uno de octubre,
con el otoño en Madrid,
nació la infanta esperada,
brote de un noble jardín.
En la clínica de Ruber,
Internacional llamada,
vino al mundo la princesa
que el pueblo tanto esperaba.
Hija es del rey Don Felipe,
el sexto de su gran nombre,
y de la reina Letizia,
que su destino compone.
Dos años después, el cielo
otra alegría mandó,
cuando la infanta Sofía
a su lado amaneció.
Mas la historia llama pronto
a las puertas del palacio:
el año catorce corría,
el mes de junio en su espacio.
Don Juan Carlos abdica el trono,
su corona entrega al hijo,
y Felipe Sexto asume
el timón con rumbo fijo.
Con solo ocho años de edad,
la niña infanta despierta
siendo la número uno
con la sucesión abierta.
Leonor de Borbón y Ortiz,
heredera de la gloria,
reúne sobre sus sienes
los títulos de la historia.
Princesa es de Asturias bella,
por la corona de España,
de Girona en el levante,
luz que el futuro acompaña.
De Viana en las Navarras,
de Montblanc la gran duquesa,
de Cervera es la condesa,
que su lealtad profesa.
De Balaguer es la señora,
vínculo de tierra vieja,
que en su joven señorío
ningún olvido nos deja.
Hoy camina hacia el mañana,
joven de firme raíz,
¡viva la ilustre heredera,
Leonor de Borbón y Ortiz!
VIII
Un treinta y uno de octubre,
con el otoño en Madrid,
nació la infanta esperada,
brote de un noble jardín.
En la clínica de Ruber,
Internacional llamada,
vino al mundo la princesa
que el pueblo tanto esperaba.
Hija es del rey Don Felipe,
el sexto de su gran nombre,
y de la reina Letizia,
que su destino compone.
Dos años después, el cielo
otra alegría mandó,
cuando la infanta Sofía
a su lado amaneció.
Mas la historia llama pronto
a las puertas del palacio:
el año catorce corría,
el mes de junio en su espacio.
Don Juan Carlos abdica el trono,
su corona entrega al hijo,
y Felipe Sexto asume
el timón con rumbo fijo.
Con solo ocho años de edad,
la niña infanta despierta
siendo la número uno
con la sucesión abierta.
Llegaba el mes de enero,
el año dieciocho entraba,
el rey cincuenta cumplía
y una gran joya entregaba.
Le impuso el Toisón de Oro,
el collar de alta nobleza,
símbolo de su destino,
de su honor y su grandeza.
Leonor de Borbón y Ortiz,
heredera de la gloria,
reúne sobre sus sienes
los títulos de la historia.
Princesa es de Asturias bella,
por la corona de España,
de Girona en el levante,
luz que el futuro acompaña.
De Viana en las Navarras,
de Montblanc la gran duquesa,
de Cervera es la condesa,
que su lealtad profesa.
De Balaguer es la señora,
vínculo de tierra vieja,
que en su joven señorío
ningún olvido nos deja.
Hoy camina hacia el mañana,
joven de firme raíz,
¡viva la ilustre heredera,
Leonor de Borbón y Ortiz!
IX
Un treinta y uno de octubre,
con el otoño en Madrid,
nació la infanta esperada,
brote de un noble jardín.
En la clínica de Ruber,
Internacional llamada,
vino al mundo la princesa
que el pueblo tanto esperaba.
Hija es del rey Don Felipe,
el sexto de su gran nombre,
y de la reina Letizia,
que su destino compone.
Dos años después, el cielo
otra alegría mandó,
cuando la infanta Sofía
a su lado amaneció.
Mas la historia llama pronto
a las puertas del palacio:
el año catorce corría,
el mes de junio en su espacio.
Don Juan Carlos abdica el trono,
su corona entrega al hijo,
y Felipe Sexto asume
el timón con rumbo fijo.
Con solo ocho años de edad,
la niña infanta despierta
siendo la número uno
con la sucesión abierta.
Llegaba el mes de enero,
el año dieciocho entraba,
el rey cincuenta cumplía
y una gran joya entregaba.
Le impuso el Toisón de Oro,
el collar de alta nobleza,
símbolo de su destino,
de su honor y su grandeza.
Ese mismo año, en octubre,
trece años celebraba,
y su primera palabra
ante el pueblo pronunciaba.
Leyó con tono sereno
la Carta Magna sagrada,
la norma que a todos une,
la ley que España resguarda.
Leonor de Borbón y Ortiz,
heredera de la gloria,
reúne sobre sus sienes
los títulos de la historia.
Princesa es de Asturias bella,
por la corona de España,
de Girona en el levante,
luz que el futuro acompaña.
De Viana en las Navarras,
de Montblanc la gran duquesa,
de Cervera es la condesa,
que su lealtad profesa.
De Balaguer es la señora,
vínculo de tierra vieja,
que en su joven señorío
ningún olvido nos deja.
Hoy camina hacia el mañana,
joven de firme raíz,
¡viva la ilustre heredera,
Leonor de Borbón y Ortiz!
X
Un treinta y uno de octubre,
con el otoño en Madrid,
nació la infanta esperada,
brote de un noble jardín.
En la clínica de Ruber,
Internacional llamada,
vino al mundo la princesa
que el pueblo tanto esperaba.
Hija es del rey Don Felipe,
el sexto de su gran nombre,
y de la reina Letizia,
que su destino compone.
Dos años después, el cielo
otra alegría mandó,
cuando la infanta Sofía
a su lado amaneció.
Mas la historia llama pronto
a las puertas del palacio:
el año catorce corría,
el mes de junio en su espacio.
Don Juan Carlos abdica el trono,
su corona entrega al hijo,
y Felipe Sexto asume
el timón con rumbo fijo.
Con solo ocho años de edad,
la niña infanta despierta
siendo la número uno
con la sucesión abierta.
Llegaba el mes de enero,
el año dieciocho entraba,
el rey cincuenta cumplía
y una gran joya entregaba.
Le impuso el Toisón de Oro,
el collar de alta nobleza,
símbolo de su destino,
de su honor y su grandeza.
Ese mismo año, en octubre,
trece años celebraba,
y su primera palabra
ante el pueblo pronunciaba.
Leyó con tono sereno
la Carta Magna sagrada,
la norma que a todos une,
la ley que España resguarda.
Pasaron volando los años,
llegó el veintitrés dorado,
un treinta y uno de octubre
su gran día fue marcado.
Dieciocho años cumplía,
edad de la madurez,
y ante las Cortes Generales
se presentó con lucidez.
Juró la Constitución
con mano firme y honor,
quedando lista ante la ley
para el puesto de esplendor.
Leonor de Borbón y Ortiz,
heredera de la gloria,
reúne sobre sus sienes
los títulos de la historia.
Princesa es de Asturias bella,
por la corona de España,
de Girona en el levante,
luz que el futuro acompaña.
De Viana en las Navarras,
de Montblanc la gran duquesa,
de Cervera es la condesa,
que su lealtad profesa.
De Balaguer es la señora,
vínculo de tierra vieja,
que en su joven señorío
ningún olvido nos deja.
Hoy camina hacia el mañana,
joven de firme raíz,
¡viva la ilustre heredera,
Leonor de Borbón y Ortiz!
XI
Un treinta y uno de octubre,
con el otoño en Madrid,
nació la infanta esperada,
brote de un noble jardín.
En la clínica de Ruber,
Internacional llamada,
vino al mundo la princesa
que el pueblo tanto esperaba.
Hija es del rey Don Felipe,
el sexto de su gran nombre,
y de la reina Letizia,
que su destino compone.
Dos años después, el cielo
otra alegría mandó,
cuando la infanta Sofía
a su lado amaneció.
En Santa María de los Rosales,
colegio de gran solera,
estudió la joven niña
su primera primavera.
Allí aprendió las letras,
allí creció su raíz,
hasta el año veintiuno
en las aulas de Madrid.
Mas la historia llama pronto
a las puertas del palacio:
el año catorce corría,
el mes de junio en su espacio.
Don Juan Carlos abdica el trono,
su corona entrega al hijo,
y Felipe Sexto asume
el timón con rumbo fijo.
Con solo ocho años de edad,
la niña infanta despierta
siendo la número uno
con la sucesión abierta.
Llegaba el mes de enero,
el año dieciocho entraba,
el rey cincuenta cumplía
y una gran joya entregaba.
Le impuso el Toisón de Oro,
el collar de alta nobleza,
símbolo de su destino,
de su honor y su grandeza.
Ese mismo año, en octubre,
trece años celebraba,
y su primera palabra
ante el pueblo pronunciaba.
Leyó con tono sereno
la Carta Magna sagrada,
la norma que a todos une,
la ley que España resguarda.
Pasaron volando los años,
llegó el veintitrés dorado,
un treinta y uno de octubre
su gran día fue marcado.
Dieciocho años cumplía,
edad de la madurez,
y ante las Cortes Generales
se presentó con lucidez.
Juró la Constitución
con mano firme y honor,
quedando lista ante la ley
para el puesto de esplendor.
Leonor de Borbón y Ortiz,
heredera de la gloria,
reúne sobre sus sienes
los títulos de la historia.
Princesa es de Asturias bella,
por la corona de España,
de Girona en el levante,
luz que el futuro acompaña.
De Viana en las Navarras,
de Montblanc la gran duquesa,
de Cervera es la condesa,
que su lealtad profesa.
De Balaguer es la señora,
vínculo de tierra vieja,
que en su joven señorío
ningún olvido nos deja.
Hoy camina hacia el mañana,
joven de firme raíz,
¡viva la ilustre heredera,
Leonor de Borbón y Ortiz!
XII
Un treinta y uno de octubre,
con el otoño en Madrid,
nació la infanta esperada,
brote de un noble jardín.
En la clínica de Ruber,
Internacional llamada,
vino al mundo la princesa
que el pueblo tanto esperaba.
Hija es del rey Don Felipe,
el sexto de su gran nombre,
y de la reina Letizia,
que su destino compone.
Dos años después, el cielo
otra alegría mandó,
cuando la infanta Sofía
a su lado amaneció.
En Santa María de los Rosales,
colegio de gran solera,
estudió la joven niña
su primera primavera.
Allí creció su destreza,
allí ensanchó su matriz,
hasta el año veintiuno
en las aulas de Madrid.
Voló luego a tierras galesas,
buscando un nuevo horizonte,
al UWC Atlantic College,
que alza sus torres al monte.
Desde el año veintiuno
hasta el veintitrés anduvo,
y el Bachillerato Internacional
con gran esfuerzo obtuvo.
Mas la historia llama pronto
a las puertas del palacio:
el año catorce corría,
el mes de junio en su espacio.
Don Juan Carlos abdica el trono,
su corona entrega al hijo,
y Felipe Sexto asume
el timón con rumbo fijo.
Con solo ocho años de edad,
la niña infanta despierta
siendo la número uno
con la sucesión abierta.
Llegaba el mes de enero,
el año dieciocho entraba,
el rey cincuenta cumplía
y una gran joya entregaba.
Le impuso el Toisón de Oro,
el collar de alta nobleza,
símbolo de su destino,
de su honor y su grandeza.
Ese mismo año, en octubre,
trece años celebraba,
y su primera palabra
ante el pueblo pronunciaba.
Leyó con tono sereno
la Carta Magna sagrada,
la norma que a todos une,
la ley que España resguarda.
Pasaron volando los años,
llegó el veintitrés dorado,
un treinta y uno de octubre
su gran día fue marcado.
Dieciocho años cumplía,
edad de la madurez,
y ante las Cortes Generales
se presentó con lucidez.
Juró la Constitución
con mano firme y honor,
quedando lista ante la ley
para el puesto de esplendor.
Leonor de Borbón y Ortiz,
heredera de la gloria,
reúne sobre sus sienes
los títulos de la historia.
Princesa es de Asturias bella,
por la corona de España,
de Girona en el levante,
luz que el futuro acompaña.
De Viana en las Navarras,
de Montblanc la gran duquesa,
de Cervera es la condesa,
que su lealtad profesa.
De Balaguer es la señora,
vínculo de tierra vieja,
que en su joven señorío
ningún olvido nos deja.
Hoy camina hacia el mañana,
joven de firme raíz,
¡viva la ilustre heredera,
Leonor de Borbón y Ortiz!
XIII
Un treinta y uno de octubre,
con el otoño en Madrid,
nació la infanta esperada,
brote de un noble jardín.
En la clínica de Ruber,
Internacional llamada,
vino al mundo la princesa
que el pueblo tanto esperaba.
Hija es del rey Don Felipe,
el sexto de su gran nombre,
y de la reina Letizia,
que su destino compone.
Dos años después, el cielo
otra alegría mandó,
cuando la infanta Sofía
a su lado amaneció.
En Santa María de los Rosales,
colegio de gran solera,
estudió la joven niña
su primera primavera.
Allí creció su destreza,
allí ensanchó su matriz,
hasta el año veintiuno
en las aulas de Madrid.
Voló luego a tierras galesas,
buscando un nuevo horizonte,
al UWC Atlantic College,
que alza sus torres al monte.
Desde el año veintiuno
hasta el veintitrés anduvo,
y el Bachillerato Internacional
con gran esfuerzo obtuvo.
Mas la historia llama pronto
a las puertas del palacio:
el año catorce corría,
el mes de junio en su espacio.
Don Juan Carlos abdica el trono,
su corona entrega al hijo,
y Felipe Sexto asume
el timón con rumbo fijo.
Con solo ocho años de edad,
la niña infanta despierta
siendo la número uno
con la sucesión abierta.
Llegaba el mes de enero,
el año dieciocho entraba,
el rey cincuenta cumplía
y una gran joya entregaba.
Le impuso el Toisón de Oro,
el collar de alta nobleza,
símbolo de su destino,
de su honor y su grandeza.
Ese mismo año, en octubre,
trece años celebraba,
y su primera palabra
ante el pueblo pronunciaba.
Leyó con tono sereno
la Carta Magna sagrada,
la norma que a todos une,
la ley que España resguarda.
Pasaron volando los años,
llegó el veintitrés dorado,
un treinta y uno de octubre
su gran día fue marcado.
Dieciocho años cumplía,
edad de la madurez,
y ante las Cortes Generales
se presentó con lucidez.
Juró la Constitución
con mano firme y honor,
quedando lista ante la ley
para el puesto de esplendor.
Abrazando su destino,
con la milicia firmó,
pues las fuerzas de la patria
un día el mando le dio.
En el año veintitrés,
Zaragoza abrió sus puertas,
en la Academia del Ejército,
con las banderas abiertas.
Vistió el caqui de soldado,
fusil al hombro y honor,
aprendiendo la fatiga,
la disciplina y valor.
Al año veinticuatro pasa
a besar la blanca mar,
en la Escuela de Marín,
donde enseña el oleaje a amar.
Como guardiamarina a bordo,
en el buque Elcano va,
navegando por los mares,
sirviendo con dignidad.
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Y en el año veinticinco,
San Javier la ve llegar,
en la Academia del Aire,
las nubes quiere surcar.
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Pilota el cielo en solitario,
salta con el paracaídas,
dejando escrita su huella
por la historia protegida.
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Leonor de Borbón y Ortiz,
heredera de la gloria,
reúne sobre sus sienes
los títulos de la historia.
Princesa es de Asturias bella,
por la corona de España,
de Girona en el levante,
luz que el futuro acompaña.
De Viana en las Navarras,
de Montblanc la gran duquesa,
de Cervera es la condesa,
que su lealtad profesa.
De Balaguer es la señora,
vínculo de tierra vieja,
que en su joven señorío
ningún olvido nos deja.
Hoy camina hacia el mañana,
joven de firme raíz,
¡viva la ilustre heredera,
Leonor de Borbón y Ortiz!
XIV
Un treinta y uno de octubre,
con el otoño en Madrid,
nació la infanta esperada,
brote de un noble jardín.
En la clínica de Ruber,
Internacional llamada,
vino al mundo la princesa
que el pueblo tanto esperaba.
Hija es del rey Don Felipe,
el sexto de su gran nombre,
y de la reina Letizia,
que su destino compone.
Dos años después, el cielo
otra alegría mandó,
cuando la infanta Sofía
a su lado amaneció.
En Santa María de los Rosales,
colegio de gran solera,
estudió la joven niña
su primera primavera.
Allí creció su destreza,
allí ensanchó su matriz,
hasta el año veintiuno
en las aulas de Madrid.
Voló luego a tierras galesas,
buscando un nuevo horizonte,
al UWC Atlantic College,
que alza sus torres al monte.
Desde el año veintiuno
hasta el veintitrés anduvo,
y el Bachillerato Internacional
con gran esfuerzo obtuvo.
Mas la historia llama pronto
a las puertas del palacio:
el año catorce corría,
el mes de junio en su espacio.
Don Juan Carlos abdica el trono,
su corona entrega al hijo,
y Felipe Sexto asume
el timón con rumbo fijo.
Con solo ocho años de edad,
la niña infanta despierta
siendo la número uno
con la sucesión abierta.
Llegaba el mes de enero,
el año dieciocho entraba,
el rey cincuenta cumplía
y una gran joya entregaba.
Le impuso el Toisón de Oro,
el collar de alta nobleza,
símbolo de su destino,
de su honor y su grandeza.
Ese mismo año, en octubre,
trece años celebraba,
y su primera palabra
ante el pueblo pronunciaba.
Leyó con tono sereno
la Carta Magna sagrada,
la norma que a todos une,
la ley que España resguarda.
Pasaron volando los años,
llegó el veintitrés dorado,
un treinta y uno de octubre
su gran día fue marcado.
Dieciocho años cumplía,
edad de la madurez,
y ante las Cortes Generales
se presentó con lucidez.
Juró la Constitución
con mano firme y honor,
quedando lista ante la ley
para el puesto de esplendor.
Abrazando su destino,
con la milicia firmó,
pues las fuerzas de la patria
un día el mando le dio.
En el año veintitrés,
Zaragoza abrió sus puertas,
en la Academia del Ejército,
con las banderas abiertas.
Vistió el caqui de soldado,
fusil al hombro y honor,
aprendiendo la fatiga,
la disciplina y valor.
Al año veinticuatro pasa
a besar la blanca mar,
en la Escuela de Marín,
donde enseña el oleaje a amar.
Como guardiamarina a bordo,
en el buque Elcano va,
navegando por los mares,
sirviendo con dignidad.
Y en el año veinticinco,
San Javier la ve llegar,
en la Academia del Aire,
las nubes quiere surcar.
Pilota el cielo en solitario,
salta con el paracaídas,
dejando escrita su huella
por la historia protegida.
No solo con las espadas
se defiende una nación,
la palabra es el escudo
que une cada región.
Habla el castellano antiguo,
habla el catalán del este,
el gallego de las brumas
y el euskera del nordeste.
Cuatro lenguas de su patria
viven en su pensamiento,
el cantar de las Españas
hecho un solo sentimiento.
Cruza fronteras su verbo,
con el inglés y francés,
y cultiva con esmero
raíces de gran interés:
El árabe de califas
y el mandarín de Oriente,
que la cultura del mundo
se refleja en su frente.
Leonor de Borbón y Ortiz,
heredera de la gloria,
reúne sobre sus sienes
los títulos de la historia.
Princesa es de Asturias bella,
por la corona de España,
de Girona en el levante,
luz que el futuro acompaña.
De Viana en las Navarras,
de Montblanc la gran duquesa,
de Cervera es la condesa,
que su lealtad profesa.
De Balaguer es la señora,
vínculo de tierra vieja,
que en su joven señorío
ningún olvido nos deja.
Hoy camina hacia el mañana,
joven de firme raíz,
¡viva la ilustre heredera,
Leonor de Borbón y Ortiz!
XV
Un treinta y uno de octubre,
con el otoño en Madrid,
nació la infanta esperada,
brote de un noble jardín.
En la clínica de Ruber,
Internacional llamada,
vino al mundo la princesa
que el pueblo tanto esperaba.
Hija es del rey Don Felipe,
el sexto de su gran nombre,
y de la reina Letizia,
que su destino compone.
Dos años después, el cielo
otra alegría mandó,
cuando la infanta Sofía
a su lado amaneció.
En Santa María de los Rosales,
colegio de gran solera,
estudió la joven niña
su primera primavera.
Allí creció su destreza,
allí ensanchó su matriz,
hasta el año veintiuno
en las aulas de Madrid.
Voló luego a tierras galesas,
buscando un nuevo horizonte,
al UWC Atlantic College,
que alza sus torres al monte.
Desde el año veintiuno
hasta el veintitrés anduvo,
y el Bachillerato Internacional
con gran esfuerzo obtuvo.
Mas la historia llama pronto
a las puertas del palacio:
el año catorce corría,
el mes de junio en su espacio.
Don Juan Carlos abdica el trono,
su corona entrega al hijo,
y Felipe Sexto asume
el timón con rumbo fijo.
Con solo ocho años de edad,
la niña infanta despierta
siendo la número uno
con la sucesión abierta.
Llegaba el mes de enero,
el año dieciocho entraba,
el rey cincuenta cumplía
y una gran joya entregaba.
Le impuso el Toisón de Oro,
el collar de alta nobleza,
símbolo de su destino,
de su honor y su grandeza.
Ese mismo año, en octubre,
trece años celebraba,
y su primera palabra
ante el pueblo pronunciaba.
Leyó con tono sereno
la Carta Magna sagrada,
la norma que a todos une,
la ley que España resguarda.
Pasaron volando los años,
llegó el veintitrés dorado,
un treinta y uno de octubre
su gran día fue marcado.
Dieciocho años cumplía,
edad de la madurez,
y ante las Cortes Generales
se presentó con lucidez.
Juró la Constitución
con mano firme y honor,
quedando lista ante la ley
para el puesto de esplendor.
Abrazando su destino,
con la milicia firmó,
pues las fuerzas de la patria
un día el mando le dio.
En el año veintitrés,
Zaragoza abrió sus puertas,
en la Academia del Ejército,
con las banderas abiertas.
Vistió el caqui de soldado,
fusil al hombro y honor,
aprendiendo la fatiga,
la disciplina y valor.
Al año veinticuatro pasa
a besar la blanca mar,
en la Escuela de Marín,
donde enseña el oleaje a amar.
Como guardiamarina a bordo,
en el buque Elcano va,
navegando por los mares,
sirviendo con dignidad.
Y en el año veinticinco,
San Javier la ve llegar,
en la Academia del Aire,
las nubes quiere surcar.
Pilota el cielo en solitario,
salta con el paracaídas,
dejando escrita su huella
por la historia protegida.
No solo con las espadas
se defiende una nación,
la palabra es el escudo
que une cada región.
Habla el castellano antiguo,
habla el catalán del este,
el gallego de las brumas
y el euskera del nordeste.
Cuatro lenguas de su patria
viven en su pensamiento,
el cantar de las Españas
hecho un solo sentimiento.
Cruza fronteras su verbo,
con el inglés y francés,
y cultiva con esmero
raíces de gran interés:
El árabe de califas
y el mandarín de Oriente,
que la cultura del mundo
se refleja en su frente.
Y una sombra del pasado
se disipa con su andar,
pues la historia de los reyes
un vuelco vuelve a dar.
Desde los tiempos lejanos
de la reina Isabel Segunda,
que en el siglo diecinueve
dejó su huella profunda,
No ha visto el suelo español,
en su trono y su regencia,
una mujer con corona
gobernar con tal solvencia.
Leonor romperá los siglos,
del tiempo será señora,
trayendo un nuevo reinado,
de justicia y luz aurora.
Leonor de Borbón y Ortiz,
heredera de la gloria,
reúne sobre sus sienes
los títulos de la historia.
Princesa es de Asturias bella,
por la corona de España,
de Girona en el levante,
luz que el futuro acompaña.
De Viana en las Navarras,
de Montblanc la gran duquesa,
de Cervera es la condesa,
que su lealtad profesa.
De Balaguer es la señora,
vínculo de tierra vieja,
que en su joven señorío
ningún olvido nos deja.
Hoy camina hacia el mañana,
joven de firme raíz,
¡viva la ilustre heredera,
Leonor de Borbón y Ortiz!
XVI
Un treinta y uno de octubre,
con el otoño en Madrid,
nació la infanta esperada,
brote de un noble jardín.
En la clínica de Ruber,
Internacional llamada,
vino al mundo la princesa
que el pueblo tanto esperaba.
Hija es del rey Don Felipe,
el sexto de su gran nombre,
y de la reina Letizia,
que su destino compone.
Dos años después, el cielo
otra alegría mandó,
cuando la infanta Sofía
a su lado amaneció.
En Santa María de los Rosales,
colegio de gran solera,
estudió la joven niña
su primera primavera.
Allí creció su destreza,
allí ensanchó su matriz,
hasta el año veintiuno
en las aulas de Madrid.
Voló luego a tierras galesas,
buscando un nuevo horizonte,
al UWC Atlantic College,
que alza sus torres al monte.
Desde el año veintiuno
hasta el veintitrés anduvo,
y el Bachillerato Internacional
con gran esfuerzo obtuvo.
Mas la historia llama pronto
a las puertas del palacio:
el año catorce corría,
el mes de junio en su espacio.
Don Juan Carlos abdica el trono,
su corona entrega al hijo,
y Felipe Sexto asume
el timón con rumbo fijo.
Con solo ocho años de edad,
la niña infanta despierta
siendo la número uno
con la sucesión abierta.
Llegaba el mes de enero,
el año dieciocho entraba,
el rey cincuenta cumplía
y una gran joya entregaba.
Le impuso el Toisón de Oro,
el collar de alta nobleza,
símbolo de su destino,
de su honor y su grandeza.
Ese mismo año, en octubre,
trece años celebraba,
y su primera palabra
ante el pueblo pronunciaba.
Leyó con tono sereno
la Carta Magna sagrada,
la norma que a todos une,
la ley que España resguarda.
Pasaron volando los años,
llegó el veintitrés dorado,
un treinta y uno de octubre
su gran día fue marcado.
Dieciocho años cumplía,
edad de la madurez,
y ante las Cortes Generales
se presentó con lucidez.
Juró la Constitución
con mano firme y honor,
quedando lista ante la ley
para el puesto de esplendor.
Abrazando su destino,
con la milicia firmó,
pues las fuerzas de la patria
un día el mando le dio.
En el año veintitrés,
Zaragoza abrió sus puertas,
en la Academia del Ejército,
con las banderas abiertas.
Vistió el caqui de soldado,
fusil al hombro y honor,
aprendiendo la fatiga,
la disciplina y valor.
Al año veinticuatro pasa
a besar la blanca mar,
en la Escuela de Marín,
donde enseña el oleaje a amar.
Como guardiamarina a bordo,
en el buque Elcano va,
navegando por los mares,
sirviendo con dignidad.
Y en el año veinticinco,
San Javier la ve llegar,
en la Academia del Aire,
las nubes quiere surcar.
Pilota el cielo en solitario,
salta con el paracaídas,
dejando escrita su huella
por la historia protegida.
No solo con las espadas
se defiende una nación,
la palabra es el escudo
que une cada región.
Habla el castellano antiguo,
habla el catalán del este,
el gallego de las brumas
y el euskera del nordeste.
Cuatro lenguas de su patria
viven en su pensamiento,
el cantar de las Españas
hecho un solo sentimiento.
Cruza fronteras su verbo,
con el inglés y francés,
y cultiva con esmero
raíces de gran interés:
El árabe de califas
y el mandarín de Oriente,
que la cultura del mundo
se refleja en su frente.
Y una sombra del pasado
se disipa con su andar,
pues la historia de los reyes
un vuelco vuelve a dar.
Desde los tiempos lejanos
de la reina Isabel Segunda,
que en el siglo diecinueve
dejó su huella profunda,
No ha visto el suelo español,
en su trono y su regencia,
una mujer con corona
gobernar con tal solvencia.
Leonor romperá los siglos,
del tiempo será señora,
trayendo un nuevo reinado,
de justicia y luz aurora.
Hoy los vientos han cambiado,
sopla un aire de templanza,
la Corona se renueva
con destellos de esperanza.
El pueblo aclama su nombre
con afecto y simpatía,
admirando su constancia,
su saber y su valía.
"Leonormanía" le llaman
a este fervor soberano,
que une a los más mayores
con el pulso del más joven.
Su sonrisa es el futuro,
su rigor la garantía,
de una España moderna
que camina noche y día.
Leonor de Borbón y Ortiz,
heredera de la gloria,
reúne sobre sus sienes
los títulos de la historia.
Princesa es de Asturias bella,
por la corona de España,
de Girona en el levante,
luz que el futuro acompaña.
De Viana en las Navarras,
de Montblanc la gran duquesa,
de Cervera es la condesa,
que su lealtad profesa.
De Balaguer es la señora,
vínculo de tierra vieja,
que en su joven señorío
ningún olvido nos deja.
Hoy camina hacia el mañana,
joven de firme raíz,
¡viva la ilustre heredera,
Leonor de Borbón y Ortiz!
XVII
Un treinta y uno de octubre,
con el otoño en Madrid,
nació la infanta esperada,
brote de un noble jardín.
En la clínica de Ruber,
Internacional llamada,
vino al mundo la princesa
que el pueblo tanto esperaba.
Hija es del rey Don Felipe,
el sexto de su gran nombre,
y de la reina Letizia,
que su destino compone.
Dos años después, el cielo
otra alegría mandó,
cuando la infanta Sofía
a su lado amaneció.
En Santa María de los Rosales,
colegio de gran solera,
estudió la joven niña
su primera primavera.
Allí creció su destreza,
allí ensanchó su matriz,
hasta el año veintiuno
en las aulas de Madrid.
Voló luego a tierras galesas,
buscando un nuevo horizonte,
al UWC Atlantic College,
que alza sus torres al monte.
Desde el año veintiuno
hasta el veintitrés anduvo,
y el Bachillerato Internacional
con gran esfuerzo obtuvo.
Mas la historia llama pronto
a las puertas del palacio:
el año catorce corría,
el mes de junio en su espacio.
Don Juan Carlos abdica el trono,
su corona entrega al hijo,
y Felipe Sexto asume
el timón con rumbo fijo.
Con solo ocho años de edad,
la niña infanta despierta
siendo la número uno
con la sucesión abierta.
Llegaba el mes de enero,
el año dieciocho entraba,
el rey cincuenta cumplía
y una gran joya entregaba.
Le impuso el Toisón de Oro,
el collar de alta nobleza,
símbolo de su destino,
de su honor y su grandeza.
Ese mismo año, en octubre,
trece años celebraba,
y su primera palabra
ante el pueblo pronunciaba.
Leyó con tono sereno
la Carta Magna sagrada,
la norma que a todos une,
la ley que España resguarda.
Pasaron volando los años,
llegó el veintitrés dorado,
un treinta y uno de octubre
su gran día fue marcado.
Dieciocho años cumplía,
edad de la madurez,
y ante las Cortes Generales
se presentó con lucidez.
Juró la Constitución
con mano firme y honor,
quedando lista ante la ley
para el puesto de esplendor.
Abrazando su destino,
con la milicia firmó,
pues las fuerzas de la patria
un día el mando le dio.
En el año veintitrés,
Zaragoza abrió sus puertas,
en la Academia del Ejército,
con las banderas abiertas.
Vistió el caqui de soldado,
fusil al hombro y honor,
aprendiendo la fatiga,
la disciplina y valor.
Al año veinticuatro pasa
a besar la blanca mar,
en la Escuela de Marín,
donde enseña el oleaje a amar.
Como guardiamarina a bordo,
en el buque Elcano va,
navegando por los mares,
sirviendo con dignidad.
Y en el año veinticinco,
San Javier la ve llegar,
en la Academia del Aire,
las nubes quiere surcar.
Pilota el cielo en solitario,
salta con el paracaídas,
dejando escrita su huella
por la historia protegida.
No solo con las espadas
se defiende una nación,
la palabra es el escudo
que une cada región.
Habla el castellano antiguo,
habla el catalán del este,
el gallego de las brumas
y el euskera del nordeste.
Cuatro lenguas de su patria
viven en su pensamiento,
el cantar de las Españas
hecho un solo sentimiento.
Cruza fronteras su verbo,
con el inglés y francés,
y cultiva con esmero
raíces de gran interés:
El árabe de califas
y el mandarín de Oriente,
que la cultura del mundo
se refleja en su frente.
Y una sombra del pasado
se disipa con su andar,
pues la historia de los reyes
un vuelco vuelve a dar.
Desde los tiempos lejanos
de la reina Isabel Segunda,
que en el siglo diecinueve
dejó su huella profunda,
No ha visto el suelo español,
en su trono y su regencia,
una mujer con corona
gobernar con tal solvencia.
Leonor romperá los siglos,
del tiempo será señora,
trayendo un nuevo reinado,
de justicia y luz aurora.
Hoy los vientos han cambiado,
sopla un aire de templanza,
la Corona se renueva
con destellos de esperanza.
El pueblo aclama su nombre
con afecto y simpatía,
admirando su constancia,
su saber y su valía.
"Leonormanía" le llaman
a este fervor soberano,
que une a los más mayores
con el pulso del más joven.
Y es que añaden a su rango,
a su porte militar,
una belleza que es limpia,
un andar crepuscular.
Destaca por su elegancia,
porte noble y paso suave,
con una gracia innata
que en el corazón se grabe.
Su mirada azul y viva,
su sonrisa clara y tierna,
reflejan una armonía
que parece casi eterna.
Su rigor la garantía,
su prestancia la señal,
de una España moderna
con semblante celestial.
Leonor de Borbón y Ortiz,
heredera de la gloria,
reúne sobre sus sienes
los títulos de la historia.
Princesa es de Asturias bella,
por la corona de España,
de Girona en el levante,
luz que el futuro acompaña.
De Viana en las Navarras,
de Montblanc la gran duquesa,
de Cervera es la condesa,
que su lealtad profesa.
De Balaguer es la señora,
vínculo de tierra vieja,
que en su joven señorío
ningún olvido nos deja.
Hoy camina hacia el mañana,
joven de firme raíz,
¡viva la ilustre heredera,
Leonor de Borbón y Ortiz!